Connemara

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Si nos pidieran que nos imagináramos cómo debe ser la isla de Irlanda, tengo la impresión de que muchas de las imágenes que tendríamos serían muy parecidas a los paisajes reales de la región de Connemara, situada al oeste de la ciudad de Galway: colinas verdes, lagos, praderas con ovejas pastando y algún castillo perdido entre el verde de la hierba y de los bosques.

Connemara es una región que comprende la zona occidental del condado de Galway y parte del sur del condado de Mayo, que presume de ser una de las áreas naturales mejor conservadas de todo el país, con un gran patrimonio paisajístico y lingüístico –ya que es conocida por ser una de las zonas de Irlanda donde mejor se ha conservado el idioma gaélico.

Podemos poner un límite a la zona de Connemara por el este en el Lago Corrib, el segundo más extenso de Irlanda. El lago se extiende casi hasta el norte de la ciudad de Galway y está conectado con ésta y con el mar por el río Corrib, que desemboca en el centro de la capital del condado. De él se dice que cuenta con 365 islas, una para cada día del año, aunque la realidad la supera ampliamente, con cerca de 1.200 islas e islotes situados dentro de los 178 kilómetros cuadrados de extensión.

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Durante buena parte de la primera parte del recorrido entre Galway y el interior de la región, dirigiéndonos hacia el oeste, recorreremos la carretera paralelos a la orilla del lago. Pese a su enorme extensión, las posibilidades de navegar por el lago en rutas organizadas son escasas y sólo empresas como CorribCruises (desde Ashford) o CorribPrincess (desde Galway) organizan pequeñas excursiones. Eso sí, hay bastantes pequeñas empresas y particulares que alquilan barcas para recorrer el lago a tu aire o pescar en algunos pueblos a orillas del lago.

La presencia del agua será una constante de nuestra ruta por Connemara. El Lago Corrib es el mayor de los que hay por la zona, pero en nuestro camino encontraremos otros muchos lagos más pequeños, junto a ríos y arroyos que, en muchas ocasiones, discurren paralelos a las carreteras. Nos encontraremos también con la línea de costa, con algunas playas muy destacables, y con el único fiordo de Irlanda –el de Killary- que sirve como límite a la región por el norte.

Clifden es el pueblo más poblado de la región, con poco más de 3.000 habitantes. Está situado junto al Océano Atlántico, en el oeste de Connemara y a unos 75 kilómetros de Galway por una carretera aceptable. El transporte público en la zona es extremadamente reducido y, dadas las particularidades del terreno de turba, las carreteras más pequeñas suelen ser tremendamente bacheadas.

Desde Clifden estamos cerca de casi todos los lugares de interés de la región, especialmente la Abadía y Castillo de Kylemore, pero también de las zonas de costa más remotas, islas como la Inishbofin o paisajes como el del Parque Nacional de Connemara.

La Abadía de Kylemore

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La Abadía de Kylemore es, bajo mi punto de vista, el principal punto de interés arquitectónico de la región de Connemara. Está situada en un paraje privilegiado, junto a un lago y el Parque Nacional de Connemara, en un valle donde el edificio de piedra gris destaca aún más entre el color verde de las montañas y los árboles, y tiene también una curiosa historia detrás, que le ha valido para ser conocido como “El Taj Mahal Irlandés”.

Al edificio se llega después de un precioso recorrido por entre montañas y lagos que, aunque sean vistos desde la ventanilla del coche o el autobús que va pegando botes por la irregular carretera- resultan impresionantes. Allí nos encontramos con el edificio principal del complejo, un palacio que data de la década de los 60 del siglo XIX. Dentro podemos encontrarnos la recreación de la vivienda original, profusamente decorada con muebles de la época

Desde allí, si si caminamos paralelos al lago, accedemos a la residencia de la Abadía y a la iglesia neogótica. Ésta resulta muy llamativa, ya que pretende ser una reproducción en pequeño de una catedral. Hacia el otro lado, tenemos un camino que nos lleva al jardín en unos 20 minutos de paseo, aunque podemos esperar a un autobús que nos lleva gratuitamente.

La Abadía tiene su origen en un castillo que un rico comerciante inglés construyó como regalo para su mujer a mediados del siglo XIX. Pero ella murió en un viaje a Egipto poco tiempo después y ordenó construir también la iglesia neogótica del complejo en su memoria. Con el tiempo, fue cambiando de dueños hasta que en 1920 se hicieron cargo de ella las monjas benedictinas, que lo convirtieron en internado que sólo cerró recientemente. El recinto se completa con un bonito jardín, junto al que hay un salón de té donde se puede disfrutar de los fantásticos scones dulces con pasas.

Fiordo, islas e idioma gaélico

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Un poco más al norte nos encontramos con el fiordo de Killary, el único que existe en Irlanda, que se adentra hasta la localidad de Leenane. No podemos esperar grandes acantilados, pero los paisajes del mar adentrándose en la tierra entre pequeñas colinas verdes son muy agradables. Es posible recorrerlos en barco y, si paramos en el pequeño pueblo de Leenaun, podemos incluso tomar un baño relajante de algas del fiordo en los Connemara Seaweed Baths.

Ya al sur de Clifden podemos encontrarnos con paisajes de costa y pequeños lagos, o pequeñas islas –algunas de ellas unidas a través de puentes-. Algo ya más alejadas de la costa nos quedan las islas de Inishbofin, al noroeste, o las Islas de Aran, al sur, donde podemos ver pueblos de pescadores y colonias de aves.

Quien se adentre por los pueblos de la región quizá pueda comprobar también que es una zona donde el idioma gaélico irlandés sigue vivo. Evidentemente, también se habla inglés, pero es de las pocas regiones de la República de Irlanda donde se puede hablar de un bilingüismo real. Es una zona famosa, además por ser un destino habitual al que los padres irlandeses envían una temporada a sus hijos para que aprendan el idioma gaélico inmersos en familias locales.

Consejos prácticos para ver Connemara

Connemara es una región que destaca, sobre todo, por sus paisajes. El simple hecho de perderse por su carreteras y moverse entre colinas, praderas, valles y lagos merece la pena. La Abadía de Kylemore es el punto monumental más destacado de la región y, si nos acercamos a ella, podremos disfrutar durante la ruta de los paisajes de la zona.

No obstante, moverse por Connemara no es sencillo. El transporte público es muy escaso, por lo que lo mejor para llegar a los diferentes lugares de interés es hacerse con un coche de alquiler o ir en alguna excursión organizada. Quien se anime a conducir, eso sí, que recuerde que le espera un país donde se conduce por el lado izquierdo y que va a moverse por unas carreteras que, sin ser malas del todo, son excepcionalmente bacheadas e irregulares.